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Ducktales y los buenos salvajes: ¿Qué esperar de la nueva serie?

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Captura – Disney

Debieron pasar treinta años para que Disney reeditara la serie Ducktales. El origen de esta historia se remonta a los años treinta, con Donald, el unifacético pato renegón como contraparte al calmado ratón. Se trataba de dramas cotidianos de la vida urbana, situaciones con las que el lector promedio podía identificarse. Recién en los 40, con la llegada del artista y guionista Carl Banks, Donald y sus amigos cogieran la vena aventurera que los caracteriza hasta hoy.

Con Banks como artífice, ya en la posguerra, haría su aparición un nuevo y contundente personaje: el Tío McPato, arquetipo del capitalista calculador. Con él la aventura pierde su carácter abierto: aventurarse porque sí ya no tiene sentido. El nuevo horizonte de la aventura es la búsqueda de riqueza y su acumulación, ya sea por medio de la explotación de recursos naturales o por el despojo a pueblos ‘no desarrollados’ (es decir, no occidentales). Con esta adición las patoaventuras cobrarán su forma definitiva. La obra de Don Rosa, ´La vida y tiempo de Scrooge McDuck´ (relato biográfico de como McPato pasó de niño pobre a ser el pato más rico del mundo) daría profundidad al relato. Recién en 1987 llegaría la primera adaptación televisiva. Esa es la que aprendimos a amar en todo el mundo hispanohablante.

La serie original es poco menos que genial. Su animación, música y profundidad supera a muchos productos populares de la época. Fue un puñetazo a He-Manes de animación apelmazada. Fue Disney como un viejo maestro del oficio demandando respeto. Sin embargo, lo que divertía tanto a nuestra acrítica mirada infantil merece preguntas adultas. ¿Qué nos mostraban en realidad las aventuras por el mundo del viejo pato? ¿Ha cambiado algo? ¿qué nos muestra la nueva serie?

Nosotros los buenos salvajes

Habría que ver cuánto del viejo mundo sobrevive en la nueva encarnación del Tío MacPato. Según la precuela de Don Rosa, McPato hace su fortuna por la combinación de su ingenio, su persistencia y sus pocos escrúpulos. Para el espíritu positivista del s xix el avance de las ciencias empíricas y de las industrias que estas generaban eran el camino único (e infalible) hacia la prosperidad humana. La ciencia desplazaba a la religión y se volvía la frontera entre los pueblos civilizados y aquellos que no lo eran. De la ficción positivista nacen los héroes de Julio Verne: hombres que a través de la ciencia podían satisfacer sus ambiciones de riqueza y gloria. La realidad fundó sus propios mitos en los grandes industriales norteamericanos del cambio de siglo: Ford, Carnegie, Edison, Rockefeller. McPato toma un poco de todos ellos, con historias casi calcadas de sus biografías. Pero hay una diferencia. Con los años, los industriales se convirtieron en figuras idealizadas (aún hoy se les usa para motivar emprendedores), y se dejaron bajo la alfombra sus abusos contra el medio ambiente y contra otros seres humanos. Mientras tanto, las historias de McPato no ocultan su intención “civilizadora”. El extractivismo y el embaucamiento de nativos no se ocultan: solo se muestran tras una capa de humor y moralismo.

En el clásico ´Para leer al pato Donald´ Dorfman y Mattelart utilizan el arquetipo del buen salvaje para describir la relación entre McPato y los nativos. ´El buen salvaje´ es un lugar común cuyos orígenes se pierden en el tiempo y al que cada tanto se apela en la ficción. El buen salvaje es aquel que no ha sido tocado aún por la civilización (por Occidente) y es naturalmente bueno, desprovisto de ambición y riquezas. El buen salvaje vive en la felicidad plena y en armonía con el mundo natural. Es exótico. Primitivo sobre todas las cosas. Nunca es blanco. Es un “museo viviente”.

El trato de los héroes de Verne con los Buenos Salvajes no tenía por fin necesariamente ayudarlos. Cuando McPato lo hace -en las historietas y en la serie- la extracción de sus riquezas es un instrumento para preservar la inocencia del salvaje lejos de las complicaciones de la modernidad y asegurar su incuestionado lugar en el mundo. Para Dorfman y Mattelart, un par de malpensados, la estrategia de Disney es “caricaturizar (a estos países) como atrasados, pero sin revelar la causa de su atraso”

Como habitantes del territorio originario del buen salvaje (objeto y público objetivo a la vez), nos toca preguntarnos cuánto de esto sigue vigente en esta nueva edición. Ya en el paso de los cómics a la serie de TV McPato se suavizó: se mostraba algo menos despiadado en público y con un buen corazón reservado para su familia. ¿Podría suavizarse aún más al personaje? ¿Seguiría siendo McPato? Tomando en cuenta las tensiones raciales y culturales que se viven ahora mismo en el país de McPato, ¿recurrirán aún al buen salvaje? El episodio piloto (lo único que tenemos hasta ahora) no da pistas.

Otro factor a tomar en cuenta en el regreso de Ducktales es que la animación televisiva norteamericana ya no es la de los 80. Puede decirse que atraviesa una edad dorada para la obra de autor, en la que cada serie puede asociarse fácilmente a la visión de un creador específico, y temas como raza, género y riqueza pueden tratarse de maneras muy personales con relativa libertad. En este contexto, Disney, luego de cosechar éxito artístico y comercial con Gravity Falls, tiene poco por probar, y si Ducktales es al menos la mitad de buena, me daré por satisfecho.

Captura – disney