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El Dota es un deporte

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Desde siempre el deporte ha sido el mandamiento de la salud, el complemento sano de una mente sana. Y nada más alejado de la imagen ideal del deporte que un grupo de jóvenes sedentarios con la cabeza cubierta por audífonos, hablando a los gritos, golpeando con rapidez un teclado que resuena en la penumbra de una habitación apenas iluminada por un montón de pantallas, enfrascados en un combate de cinco contra cinco en una arena virtual, donde la habilidad individual y la estrategia deben alcanzar una sinergia perfecta para alcanzar la victoria. Si hay algo que está bien lejos de la idea que tenemos de practicar deporte, eso es el DOTA.
Pero a veces sí que parece un deporte. Digamos el fútbol. En un torneo, son muchos los que se reúnen frente a una sola pantalla. Casi parecen una barra. Los chicos saltan y se llevan las manos a la cabeza, gritan con la fuerza de cincuenta goles. En la pantalla, ven otro mundo: un coliseo enorme rebalsando de gente cegada por luces de colores, con monitores gigantescos suspendidos en el aire. Los jugadores están en el medio de la arena en un cuadrado de vidrio, exhibidos como fieras. Juegan por honor, fama y millones. Vienen de países pobres como Ucrania, Perú, Filipinas. Muchos empezaron en lugares no muy distintos a una cabina muy parecida a alguna de las cientos que abundan en las ciudades y pueblos del Perú.
Lo chicos de la cabina no entienden inglés, o ruso, apenas escriben bien en español, pero cuando culmina un torneo y los nuevos campeones levantan el trofeo, la traducción en sus cabezas dice tú puedes ser como yo, tú puedes tener la gloria. De un modo que no sería posible en ningún deporte competitivo, este sueño podría hacerse realidad, porque en este mundo es posible que cinco amigos de la más sucia cabina terminen clasificados a los más grandes torneos. El mundo del dota es una enorme y salvaje meritocracia.

´Kingteka´ de Infamous, compitiendo en el WESG en China

Éxito de pantalla
Tal como está organizado el Dota competitivo, nada te impide llegar a las grandes ligas. Solo necesitas unirte a 4 amigos y entrenar. Eventualmente viajarás por el mundo y serás famoso tras ganar el mismísimo International, con un pozo de 22 millones de dólares este año, con 10 millones solo para el primer lugar. Formalmente, no necesitas una organización detrás, ni siquiera sponsors. Solo debes ganar las clasificatorias abiertas entre cientos de equipos, para competir entre los diez mejores de la región y tras vencer, viajar a Seattle en Estados Unidos para derrotar a los equipos más poderosos del planeta, dedicados dia y noche a comer, dormir y entrenar. Nada te lo impide, excepto, por supuesto, que eres malo. O peor, que eres pobre. Eso sin contar que si tus padres te ven jugando diario, terminarán por lanzar tu computadora por la ventana. O a ti, si notan que estás jalando cursos o faltando al colegio, como muchos de los grandes hicieron para dedicarse 100% a competir.
Como en el fútbol, ocurre que no todos los que juegan quieren llegar a ser profesionales. Pero el culto al éxito es una parte fundamental del atractivo en los deportes electrónicos en general y del Dota en particular. El camino directo y claro entre un rata casual y un profesional no es ni visible ni viable en ninguna disciplina deportiva tradicional. ¿Cuántos, de entre los que ven fútbol en un estadio, tienen luego la posibilidad de jugar en el Mundial? Valve, la empresa dueña del juego, y organizadora de los torneos más grandes, sabe bien esto. Por eso no centra su publicidad en los personajes del juego o en otros elementos de la ficción, sino en los jugadores: produce documentales con sus historias y su estilo de vida, cuentan el cuento real de cómo salieron de abajo y superaron las dificultades y prejuicios que de seguro enfrenta cualquier peruano de cabina. Para Valve los jugadores profesionales son los principales promotores del sueño. Por eso los cubre de premios millonarios, aunque estos se financian en un 90% con las compras de la propia comunidad.

Coliseo lleno en
el International del 2016

El International 7
Si estás al tanto de este juego, ya sabes que el torneo más grande del año está cerca. El premio es el más cuantioso en la historia de los deportes electrónicos, con un récord que supera año tras año. Esta vez los campeones se llevarán casi diez millones de dólares, y el resto del pozo se distribuirá progresivamente hasta llegar a los puestos más bajos de entre los 18 equipos participantes. Solo por haber clasificado, el último lugar se lleva 50 mil.
El International 7 es también la culminación de una historia local. Junto con Brasil, Perú es el país con la comunidad de jugadores más grande en Latinoamérica (un cuarto de millón), con una escena vital que va de equipos amateurs que juegan en sus ratos libres hasta profesionales que viven juntos y se dedican a solo a entrenar para el siguiente torneo. Por años, varios equipos peruanos han tentado suerte, arañando siempre el sueño de la clasificación, dejándolo ir en las últimas partidas. Por primera vez este año un equipo latinoamericano y peruano ha clasificado. Se llaman Infamous y aunque son la cenicienta del torneo, la expectativa es grande. Nuestra cultura deportiva, tras décadas de fracaso futbolero, nos ha programado para tomarnos la esperanza con ironía, para intentar no salir heridos de una nueva decepción. Infamous saldrá a competir en la arena a la que pocos han llegado. ¿Darán la sorpresa? Ahí estaremos para alentarlos.