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Baches en la Av. Larco

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Justo antes de ir a verla publicaron el clip de “Triciclo Perú”, una de mis canciones favoritas del rock peruano. Y no me gustó.

En Triciclo Perú uno encuentra lo que no encontrará en el rock de ninguna otra parte del mundo. El modo en que suenan las guitarras, las referencias al día a día del limeño promedio, la voz aguardentosa y la teatralidad de la interpretación de Cachuca, hacen de Triciclo Perú una canción emblema del rock cholo. Por eso oírla adornada, pasada por lejía y suavizante y sobre todo con la garganta limada para que no se raspe me golpeó muy fuerte. Pero antes de ir al cine me propuse dejar de lado lo que pensaba de esta versión porque finalmente es su versión y punto. Si a uno le gusta o le interesa el rock peruano, Av. Larco es una película que hay que ir a ver.

Leí varias de las críticas a la película. Es cierto que hay razones para criticarla, pero también es cierto que se le están tirando encima cosas que no tienen que ver (solo) con la película si no con la forma en que se narra y representa al Perú en general. Tondero es una productora que viene de la publicidad y de la publicidad trae al cine lo bueno y lo malo.

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Lo bueno: la película mantiene el standar que debe tener una producción de ese tamaño, buena foto, buen sonido, actuaciones que funcionan. Cuenta una historia y logra emocionar. Pero vamos… es lo mismo que encontramos en un comercial promedio en la televisión. Es algo que los publicistas están acostumbrados a hacer y que no lo hagan bien sería preocupante.

Y eso último es justamente lo malo. Por que si hay algo que los publicistas están acostumbrados a hacer a cada rato es poner a la Lima blanca siempre de protagonista y a los cholos -las mayorías- de accesorio para generar una reacción en los personajes principales o de caricatura, para bailar acompañando a los protagonistas. Ese es un problema que está más allá de la película y que es un reto que todas las comunicaciones en el Perú deberían asumir y superar.

¿Podría contarse la misma historia desde el punto de vista de rockeros de El Agustino? ¿Cómo se financia? ¿Vendería? ¿Cuántas cuentan el Perú desde ese lado y sin caricaturizarlo? La reacción de Pedro frente a Dulude con Nostalgia Provinciana es un momento hermoso de Av. Larco. Y dice claro que ese Perú es el más grande. Sin embargo en el cine, la publicidad, la televisión no es el Perú que está en la primera línea. Pesan más las excusas racistas como “blanco es el paradigma”, “blanco es aspiracional”, “la gente relaciona blanco con progreso” “el personaje tiene que ser transversal” y nos impiden que el Perú se cuente tal como es. Estoy seguro que después de todo lo que se está diciendo de Av. Larco Tondero también empezará a considerar que sus películas piden personajes como los que llenan las salas de cine.

Ahora hablemos estrictamente de la película. Es un musical que no domina el lenguaje del musical. Algunas canciones entran casi como videoclips interrumpiendo la escena sin razón alguna y con pobres recursos en planos o arte. Andrés Dulude regresa a casa ya de día y se enfrenta a su enojado padre con “Contéstame” de Río, lo que es narrado a punta de plano- contraplano, plano-contraplano generando un momento tan creepy que la gente en la sala suelta risas nerviosas o cuando Dulude y Rebeca aparecen flotando sobre el pogo a ritmo de “Suna” de Mar de copas. Otro momento con una limitación similar es la escena en que el personaje de Julio Pérez, de súbito y en plena derrota, arranca con “Más poder” de La Sarita. Ese personaje -con la muy buena interpretación de Julio- podría haber tenido un crecimiento que le permita llegar de modo convincente a ese momento, y la canción podría encajar bien en la trama, pero sin el menor desarrollo del personaje, se trata de un videoclip que no aporta.

Discutir si Av. Larco es fiel a la realidad o no, me parece una pataleta de rockero true. Encontrar licencias, distorsiones o inexactitudes es sin duda tema interesante de conversación, pero no una razón para bajarle el dedo a una película que no es un documental, sino una ficción que apela al rock para contar la historia de una banda de chicos con plata en los 80/90. Es divertido ver la cantidad de datos que han recopilado del rock peruano, los pósters de Eutanasia y el arte de conciertos de la época, los polos y parches… muchos elementos que le suman valores a la película en sus buenos momentos, como la tocada en el Sargento Pimienta o el concierto con la plaza de Acho repleta. No es menos veraz que Sing Street, 24 hour party people o The boat that rocks (no se emocionen, que eso no significa que Av. Larco siquiera se acerque a ese nivel).

La película, sin embargo, pierde esa licencia justo en su final, cuando pretende encontrarse frente a frente con “la realidad”, cargándose de ese punto de vista naive llamado “crítica social” que resulta además cinematográficamente innecesario.

En una mezcla de imágenes de archivo e imágenes grabadas para la película, se lamenta la muerte de peruanos asesinados “por el terrorismo” en una película que hasta ese punto no ha mencionado el golpe de Estado de Fujimori ni las matanzas del grupo Colina, y por el contrario trabajaba con males genéricos: rabia contra el padre, corrupción en la policía, racismo, abuso del poder. Los momentos en que se tomó posición (Dulude le suelta a su padre policía un “por gente como tu el país está hecho una mierda”) quedan en el aire . Se presenta brevemente a los estudiantes de izquierda diferenciándolos de los terroristas y siendo críticos con el Estado, lo que es correcto, pero la historia de Rebeca y su hermano no se resuelve y no le aportan a la película nada más que hacer el check de haber puesto en escena “una nueva mujer para Dulude” y “una marcha”. De haberse cerrado en su propio universo, su superficialidad sería menos molesta, pero el recurso a las imágenes de archivo generan un diálogo con la realidad que la película no puede sostener y por eso se legitiman las exigencias de mayor delicadeza al abordar un tema tan sensible como la memoria de los muertos y desaparecidos de los años ochenta y noventa. Eso es distinto de quejarse -como he leído por ahí- de que el final es melodramático… seguro que lo es… pero quejarse de eso en una película comercial es absurdo.

Hay que ir a verla en plan de ver una película para entretenerse. En eso cumple su función y muy bien.